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Hoy quiero hablar con vosotros sobre un término muy importante para todas las madres, pero poco usado y no muy conocido. Hablo sobre la matrescencia. ¿Dirás, matrequé? La Matrescence, el nacimiento de una madre. El término fue inventado por la antropóloga Dana Raphael en 1973, la misma mujer que primero definió el rol de la Doula. Años más tarde (2008) fue popularizado por la psicóloga perinatal Aurelie Athan, para poner una definición a la increíble transformación que conlleva la maternidad y para facilitar que las mujeres se sientan más apoyadas y comprendidas al florecer como madres.

“El período crítico de transición que se ha perdido es la Matrescencia. El momento de convertirse en madre. Dar a luz no convierte automáticamente a una mujer en madre. Hay que estudiar el tiempo que lleva convertirse en madre.”

– Dana Raphael.

El acompañamiento en este periodo tan crítico, es esencial para el bienestar de la madre. Tanto por familiares, amigas, parejas, como por doulas, asesoras de lactancia o personal sanitario de confianza. En la mayoría de casos, a las madres se les exige poder con todo a solas, y esto muchas veces puede provocar mucha ansiedad, o peor aún, depresión posparto. No es natural poder con todo en un posparto. Solíamos vivir en tribu, donde las mujeres sabias nos acompañaban en esta época para enseñarnos como cuidar de nuestros bebés. Cuando veíamos a menudo una o varias mujeres de nuestro entorno dar el pecho, cuando dormíamos con el bebé al lado y no se juzgaban a las madres por seguir a sus instintos. Aunque no es solamente instintivo, ya que convertirse en madre es un aprendizaje constante.

Pasamos un duelo, por quien solíamos ser antes de dar a luz, por nuestros antiguos hábitos, por tener momentos para nosotras mismas, y por muchas más cosas que son personales para cada madre. La matrescencia viene con cierta inquietud o desolación, de ahí proviene la similitud con la palabra “adolescencia”. En ambas fases de la vida, hay un gran cambio tanto físico, como hormonal y emocional. No quiero decir que es una fase negativa, ya que hay una subida enorme de oxitocina después del parto. La naturaleza es lista, y sabe que necesitas esta hormona del amor para crear un buen apego con tu bebé, y así asegurar su sobrevivencia. Este apego es increíble, e incluso después del parto, tu bebé y tu seguís siendo un ser. Pero ahora, en vez de sentirlo dentro de tu barriga, está encima de ti, llorando, tomando el pecho a todas horas para subir la producción, haciendo pipis y cacas, y despertando cada hora. Todo esto suena súper difícil, y lo es. No voy a negarlo, ni invalidar a las madres (y padres) quienes lo están pasando mal ahora mismo. La maternidad puede ser muy placentero, y a la vez muy desafiante.

El enfoque después de dar a luz, normalmente está en el bebé, y a la madre se le suele dejar de lado, después de tener toda la atención durante el embarazo. Aquí vuelvo a repetir, la madre y el bebé son un ser. Si la madre no está bien, el bebé no esta bien, y viceversa.  Poder tomar conciencia de la existencia de este cambio – La matrescencia – ya puede generar un gran cambio en nuestra visión y vivencia de esta nueva maternidad. Nuestra sociedad piensa que, si no estás súper feliz después de tener a tu bebé, que algo esta mal y que está fuera de lo normal. ¿Te digo una cosa? Es lo más normal del mundo tener una mezcla de emociones. No te sientas mal, por sentirte mal. Tus sentimientos son válidos. Déjate sentir todas las emociones, ya que cada una de ellas forman parte de esta transformación.

“Cuando las personas tienen más conocimiento de sus emociones, pueden tener más control sobre sus comportamientos. Entonces, incluso cuando el enfoque permanece en el bebé, comprender la psicología de las mujeres embarazadas y posparto puede ayudar a promover una crianza más saludable. Las madres con mayor conciencia de su propia psicología pueden ser más empáticas con las emociones de sus hijos”

– Alexandra Sacks, M.D.

La conclusión que yo he sacado después de mi propia matrescencia, leer relatos y hablar con nuevas madres, es que volviendo a nuestro ser mamífero y confiando en nuestros instintos, todo se hace más fácil. Normalicemos la matrescencia. Normalicemos el colecho y la lactancia a demanda sin horario. Normalicemos sentir nuestras emociones, tanto de felicidad como de tristeza. Normalicemos pedir ayuda, y admitir no poder con todo sin sentirnos culpables. Nuestro deber como sociedad, es acompañar a las nuevas familias para que se sientan totalmente respaldados y para que las madres puedan vivir su matrescencia de la forma más positiva posible.

 

A new way to think about the transition to motherhood | Alexandra Sacks

 

Ref:

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/motherhood-unfiltered/201904/matrescence-the-developmental-transition-motherhood

https://www.nytimes.com/2017/05/08/well/family/the-birth-of-a-mother.html

 

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